domingo, 12 de enero de 2014

AJEDREZ EN LA GUERRA FRÍA



2008

Nunca un campeonato mundial de ajedrez había llamado tanto la atención en todo el mundo como el de Fischer contra Spassky. Corría el año de 1972. La guerra fría estaba en sus momento más álgido. Estados Unidos se enfrentaba a la Unión Soviética por todo el orbe. El enfrentamiento se daba en el corazón de Europa, en Berlín y su muro, en la guerra de Vietnam, en Chile y Bolivia,  en África. Pero ese año la guerra llegó a los tableros de ajedrez. Por primera vez en 35 años, un norteamericano se atrevía a desafiar la hegemonía rusa en ajedrez. El legendario Bobby Fischer de 29 años llegaba  disputar el campeonato mundial de ajedrez al ruso Boris Spassky de 35 años de edad.

El match se llevó al cabo en julio de 1972 en Reykiavik capital de Islandia. Durante 21 partidas el mundo siguió de cerca este acontecimiento. Lo que estaba en juego iba más allá de un campeonato de ajedrez. Indudablemente los dos países se sentían enfrentados y despertó el interés de los políticos de la época. Para los rusos el ajedrez era un juego nacional  extremadamente popular. Así lo demostraba el dominio que tenían los jugadores rusos de este juego. Por ello era de la mayor importancia para los norteamericanos el  demostrar que le podían ganar a los rusos en ese juego también.

Tengo muchos recuerdos de este campeonato pues era tal la difusión que se le dio que lo seguíamos en la escuela al través de  periódicos, revistas y en otros medios. El ajedrez de repente se convirtió no solo en un juego solamente para los aficionados sino que acaparó la atención de todos.

Fischer ganó ese campeonato por 12.5 puntos a 8.5, a pesar de que perdió la segunda partida simplemente por negarse a jugar. Los americanos aprovecharon este importante triunfo  y le dieron gran publicidad. Con ello  Fischer se convirtió momentáneamente en un héroe nacional. Desafortunadamente Fischer, que ha sido uno de los mejores jugadores del mundo, también tiene una personalidad disfuncional, de tal manera que por muchos años desapareció de la escena sin volver a jugar en torneos oficiales. Perdió su campeonato del mundo porque se negó a presentarse a defenderlo ante el ruso Karpov en 1975. Años después se metió en problemas con las autoridades de su país cuando apareció de nuevo para jugar contra Spassky en Yugoslavia en 1992 en  medio de un embargo decretado por los Estados Unidos y otras naciones. Por esta razón fue perseguido por las autoridades de su país hasta que fue arrestado en 2004. Islandia la dio asilo político en 2005 y le otorgó la nacionalidad islandesa. Vive allí retirado pero todavía en medio de grandes controversias por sus actitudes políticas.

En fechas mas recientes,  sólo recuerdo un  encuentro de ajedrez que haya tenido una divulgación masiva como lo tuvo aquél campeonato del mundo. Esto se dio en el encuentro entre el campeón mundial Kasparov con una computadora, en donde por cierto, por primera vez una máquina le ganaba  a un campeón del mundo.
Se acaba de publicar recientemente un libro cuyo título es  “Bobby Fischer va a la Guerra” que narra no sólo los partidos sino todo lo que ocurrió tras bambalinas. Describe la intervención de los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética y como  sus agencias de inteligencia participaron en este campeonato de ajedrez.  Es interesante observar  como funcionaban las cosas en la época de la guerra fría y como el enfrentamiento entre las superpotencias podía llegar a invadir esferas como la de un campeonato mundial de  ajedrez.

El caso de Bobby Fischer y su personalidad extraña me recordó a  la novela  “La Defensa”  de Vladimir Nabokov. En esta novela Nabokov describe  a un  disfuncional maestro del ajedrez, una especie de Bobby Fischer,   al personaje central del libro, el gran maestro Luzhin,  para quien sólo existía el ajedrez y nada más. Recientemente se hizo una película basada en esta gran novela. 



                                                                                                                      

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