27 de marzo de 2006
La semana pasada tuvo lugar en Lisboa una reunión
convocada por el Proceso de Helsinki
(Globalización y Democracia) y el Grupo de Países Amigos de la Convención
Anticorrupción de la ONU. Antes de hablar acerca de los temas allí tratados, me
gustaría comentar algunos aspectos acerca de Lisboa, ciudad tranquila y con
gente amable.
Lisboa no es una capital europea espectacular. Junto a
París, Roma, Londres, Praga y otras, no hay comparación. Quizás se deba al
terremoto que la destruyó en 1755. Fueron tres sismos seguidos. El primero vino como aviso ominoso, luego el
segundo, mucho mas violento, destruyó la mitad de la ciudad. Allí se
derrumbaron 20 iglesias aplastando a los fieles que estaban en la misa de Todos
los Santos. Luego vino un tercer sismo que provocó incendios que se extendieron
rápidamente por todo Lisboa. La ciudad o
lo que quedaba de ella ardió en llamas. Ante el asombro de todos, el río Tajo, que desemboca allí en el Atlántico,
y que tiene más de un kilómetro de ancho en ese lugar, se retiró dejando seca
una parte del río colindante con la
ciudad. Ante el terror de todos por el incendio, muchas personas corrieron
hacia el río, sin saber que les esperaba una muerte terrible por el tsunami que
una hora después inundó todo. Enormes
olas entraron cubriendo la parte baja de la
ciudad. Los barcos en los que se refugiaron muchas personas, se hundieron.
Voltaire y muchos otros escritores de la época escribieron sobre la destrucción
de Lisboa. Una parte del debate se dio en el sentido de si había sido un
fenómeno natural o un castigo divino. Se calcula que la tragedia cobró mas de
15,000 víctimas.
Pero Lisboa renació con la reconstrucción realizada
por el Marqués de Pombal. Entre los elementos gratos de la ciudad reconstruida
están las plazas de los Restauradores, la del Rossio, la Plaza Figueira y la
Plaza del Comercio. Me enteré de un dato curioso. En la plaza del Rossio existe
una estatua en homenaje al Rey Pedro IV.
Aparentemente la persona que retrata la estatua no es el Rey portugués,
sino Maximiliano de Habsburgo, entonces emperador de México. Resulta que unas
personas habían encargado la realización de la estatua a un escultor europeo y
que cuando ya estaba en el barco rumbo a México hizo una escala en Lisboa.
Entonces se supo que ya habían fusilado al emperador por lo que el dueño de la
estatua decidió ya no llevarlo a México y ofrecerlo al gobierno de Portugal.
Ante el parecido de Maximiliano con el Rey, no fue difícil hacerlo pasar por el
Rey Pedro IV y colocarla en lo alto del monumento en la plaza del Rossio.
Lleno de callejones, pequeños palacios y
construcciones muy bellas, el centro de Lisboa es apacible y lleno de tiendas.
Los lisboetas han sabido conservar los viejos edificios en buen estado. Se
encuentran tiendas de fines del siglo XIX con sus estantes y decoración
intactos como si nada se hubiera movido en los últimos cien años. El ambiente
tranquilo se refuerza con el cierre de los comercios del centro a las 7:00 de
la noche y entonces la ciudad se muere.
Tiene Lisboa un ambiente que recuerda a
las ciudades pequeñas de México, apacibles y tradicionales, con construcciones
que conservan el sabor de una época ya ida y eso le da un encanto especial a la
capital portuguesa.
Por lo que respecta a la reunión de 26 países
realizada la semana pasada, ésta tuvo como objeto identificar los mecanismos
con los cuales se va a revisar el cumplimiento, por parte de los países
firmantes, de la Convención Anticorrupción de las Naciones Unidas. Esta
Convención se firmó en Mérida, Yucatán
en diciembre de 2003, misma que entró en vigor el 14 de diciembre de 2005. Hoy
en día 50 países ya han ratificado la convención, entre ellos México, por lo
que ahora lo importante es ver como se van cumpliendo los compromisos derivados
de dicha Convención. Los diplomáticos siempre expresan reticencia por los
mecanismos de supervisión y vigilancia de este tipo de acuerdos, dado que se
les puede considerar como contrarios al respeto a la soberanía de los países.
Sin embargo, sin estos mecanismos, los países
firmantes luego no cumplen sus compromisos por presiones de política interna.
En este caso en particular es especialmente importante que se implementen todas
las medidas propuestas en la Convención dado que son acciones necesarias para acabar con la
corrupción, no solo a nivel local sino también con la corrupción internacional.
México ha firmado ya otros dos instrumentos
internacionales en donde se compromete a combatir la corrupción: el de la
Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE) y el de la Organización de Estados
Americanos (OEA). Ambos instrumentos cuentan con mecanismos de evaluación.
Nuestro país tiene importantes avances en el cumplimiento de los dos instrumentos
y ha sido evaluado ya en varias ocasiones. También existen buenos avances en
el cumplimiento de México con los
compromisos de la Convención Anticorrupción de la ONU por lo que no deberá haber inconveniente por parte de nuestro país en
que existan mecanismos de monitoreo también para esta Convención.
Como en todo foro internacional, las discusiones entre
países son complejas y requieren tiempo. Esta consulta informal llevada a cabo
en Lisboa, sirve para que cuando llegue
la reunión de los Estados Parte de la Convención Anticorrupción de la ONU, en
diciembre de este año, ya haya acuerdos acerca de la mejor manera de
instrumentar los mecanismos de evaluación y se implemente con éxito a nivel
mundial esta iniciativa de la que nuestro país ha sido uno de los grandes
impulsores.
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