domingo, 12 de enero de 2014

ES NECESARIA LA ÉTICA EN LA POLÍTICA



2 de diciembre de 2005

Los políticos y funcionarios públicos deben tener compromisos firmes  con la integridad, la honestidad, el bien común y el deseo de servir. Hoy en día, desafortunadamente abundan los ejemplos en contrario. Políticos  que mienten con cinismo, otros que se han enriquecido de manera inexplicable,  otros mas que han privilegiado sus intereses de poder, sus negocios personales o los intereses partidistas en detrimento del bien de nuestro país.

Estamos en el umbral de que tomemos una decisión muy importante al elegir  quien será el próximo Presidente de la República del 2006 al 2012 y con él a todo su gabinete y a las principales posiciones de mando del gobierno federal. La decisión es de la mayor importancia. Para  tomar esta decisión deberá orientarnos la idea de que la ética debe imperar en la política, pues la corrupción y la falta de valores de los malos políticos y servidores públicos le han hecho demasiado daño a nuestro país a lo largo de su historia.

Un libro reciente con una  recopilación de discursos del Presidente Checo Vaclav Havel tiene un título muy sugestivo: “El Arte de lo Imposible. La política como el ejercicio de la moralidad”. En el discurso  que pronuncia cuando acaba de tomar posesión como Presidente, después de la caída del régimen comunista que persistió cuarenta  difíciles años en su país y encontrarse con un país económica y moralmente en ruinas, realiza unas reflexiones en donde se plantea la necesidad de privilegiar una nueva forma de ejercer la política. El Presidente Havel,  menciona algunas cosas que se pueden  aplicar a la situación que tenía México en el 2000, en su transición a la democracia, después de 70 años de un régimen  dominado por un solo partido político y algunos conceptos también se pueden aplicar en este 2006, pues todavía es necesario consolidar nuestra democracia.

Me permito citar a Havel, aclarando que la  traducción del inglés es mía:

“Todos nos habituamos al sistema totalitario y lo aceptábamos como un hecho inalterado de nuestras vidas y por ello ayudamos a perpetuarlo….No podemos echarle la culpa de todo a nuestros anteriores gobernantes… haría que nos escabulléramos de nuestro deber  de actuar de manera independiente y rápida… Sería equivocado esperar que todo lo resolviera el presidente o el gobierno. La libertad y la democracia requieren participación y por lo tanto una acción responsable de todos nosotros… Tratemos…  de restaurar el concepto de política. Enseñémonos a nosotros y a otros que la política debe ser una expresión del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad en lugar del deseo de traicionar o saquear a la comunidad, enseñémonos que la política puede ser no solo el arte  de lo posible,… sino que también puede ser el arte de lo imposible, esto es, el arte de mejorarnos a nosotros mismos y al mundo…. Nuestro peor enemigo hoy es el lado mas malo de  nuestra naturaleza: nuestra indiferencia ante el bien común; la vanidad; la ambición personal; el egoísmo; la rivalidad… Lo importante ahora no es que partido, club, o grupo va a ganar en las elecciones. Lo importante es que los ganadores sean los mejores de entre nosotros, en el sentido moral, cívico, profesional y político, sin importar su afiliación política. Sueño con una república económicamente próspera pero socialmente justa; en pocas palabras, una  república humana que sirva al individuo y que por lo tanto mantenga la esperanza de que el individuo la va  a servir a su vez. .. Permítanme cerrar diciendo: Pueblo, el  gobierno ha regresado a ustedes.”

Me disculpo por la larga cita pero creo que es muy a propósito de lo que vivirá  nuestro país ante las próximas elecciones presidenciales. Nuestra  transición a la democracia aún está en proceso, la acechan muchos fantasmas, entre ellos el regreso al pasado. Si algo nos enseña nuestra  historia reciente  es que ese pasado no ha sido bueno. Si bien había avances, la falta de democracia y las crisis recurrentes lastimaron a nuestra población. Por eso se dio el cambio en el 2000.

Pero persisten aún problemas por la falta de ética de algunos actores públicos relevantes. Como ejemplo tenemos el caso de la corrupción que muestran líderes de partidos políticos que trafican con puestos públicos o abusan de los recursos que les entrega el gobierno sin rendir cuentas. Otro caso es el de políticos que se enriquecieron en los puestos a que fueron electos de manera extraordinaria y sin una explicación  clara del origen de sus fortunas. También tenemos  el gasto extraordinario que se dedica a las campañas políticas con recursos por encima de lo que permite la Ley y sin una explicación clara del origen de esos fondos. Incluso casos en donde a los servidores públicos se les exige una cuota forzosa para apoyar las campañas políticas de sus jefes.

 Hoy México necesita a las mejores mujeres y hombres en el gobierno. A quienes anteponen el servicio a la comunidad por encima de sus intereses. A los que ostentan una ética  genuina basada en la honestidad, la integridad y la congruencia, quienes respetan  a la persona humana, son  solidarios hacia los que menos tienen, subsidiarios para no anular a las personas y volverlas inútiles,  y para quienes  el bien común no es un concepto hueco sino un objetivo por encima de cualquier otro, digno de ser perseguido  sin descanso.

Así pues, la elección de nuestros próximos gobernantes en el  gobierno federal, no es algo a tomarse a la ligera. La reflexión y el análisis de quien es el mejor candidato y las personas que lo rodean  es importante. Y si las opciones no nos gustan, tampoco el desánimo y la abstención son válidos. No podemos dejar en manos de otras personas la decisión sobre nuestro destino. No podemos tenerle miedo a la libertad y la democracia, si son las mejores herramientas que tenemos para hacer de nuestro país un mejor país. México ha madurado y ahora debemos asumir nuestra responsabilidad.

Y si los hombres no son perfectos porque así es nuestra naturaleza, escojamos al que menos defectos tiene, y sobre todo al que sea capaz de recuperar la política para la ética.



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