domingo, 12 de enero de 2014

VIGENCIA DE ORTEGA Y GASSET


2007

José Ortega y Gasset nació en 1883 y murió en 1955 en Madrid, España y fue uno de los mas grandes filósofos en lengua  española. Influyó de manera importante a las generaciones de intelectuales mexicanos que se formaron en la primera mitad del siglo pasado. Pero su obra perdura y aún hay lecciones importantes que extraer de sus libros ya que mucho de lo que era aplicable a la España y Europa que el vivió, hoy podemos aplicarlo en nuestro México y el mundo que nos rodea.

En su libro  “La Rebelión de las Masas”  dice Ortega y Gasset  que “.. vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero que no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia”. Para ilustrar esta amplia gama de posibilidades que tiene el hombre moderno describe el fenómeno de  la globalización que el llama mundialización y se asombra de lo instantáneo que puede ser el enterarnos de lo que ocurra en cualquier parte del mundo. ¿Qué diría ahora de la globalización que ha vuelto casi cualquier acontecimiento, producto, servicio o  información,   accesible de inmediato?

En la época de Ortega las posibilidades de la vida, entendidas como alternativas entre lo que cada individuo puede escoger, se habían multiplicado. Decía que en cada momento el hombre debe tomar decisiones para ir componiendo y haciendo su vida y que lo maravilloso de su época era la cantidad de alternativas que se les ofrecían. Que no era como hace unos cientos de años en donde el campesino no tenía mas posibilidad que vivir en su pueblo, comer lo que sembraba y disponer de unas cuantas cosas. Ni el mas rico de esa época podía tener los objetos  y las alternativas que una persona de clase media podía disfrutar.

Hoy en día el hombre tiene muchos más conocimientos derivados de la ciencia, avances de la  tecnología, posibilidad de compra de objetos y servicios,   mayor conocimiento de la historia, mas y mejores teorías para todos los campos del saber, enorme cantidad de placeres y entretenimiento, mejor desempeño físico de los atletas que todos los días rompen nuevos récords, desarrollo en campos como el de la cultura culinaria entre  tantos otros.

Pero en toda esa amplitud de opciones que se nos brindan, el problema es que el individuo se encuentra desconcertado ante tanta diversidad y posibilidad de vida. Se encuentra perdido sin tener misión, propósito  o sentido de la vida. Se deja llevar en lugar de dirigir su vida a un fin.  Dice Ortega: “Sin mandamientos que nos obliguen a vivir de un cierto modo, queda nuestra vida en pura disponibilidad. Esta es la horrible situación íntima en que se encuentran ya las juventudes mejores del mundo. De puro sentirse libres exentas de trabas, se sienten vacías. Una vida en disponibilidad es mayor negación de sí misma que la muerte. Porque vivir es tener que hacer algo determinado- es cumplir un encargo-, y en la medida en que eludamos poner a algo nuestra existencia evacuamos nuestra vida.”
Este mal de que hablaba Ortega en su época, persiste e incluso se ha extendido en nuestros días. Y explica también la desesperanza que se vive hoy: “ de puro parecernos todo posible, presentimos que es posible también lo peor: el retroceso, la barbarie, la decadencia.”  La lección para nosotros es no desaprovechar las oportunidades que nos ofrece la vida moderna. Que nuestro país con visión de futuro y una misión claramente establecida  eleve la prosperidad y la calidad de vida de sus habitantes y se aleje de quienes  pregonando la  desesperanza y el retroceso,  nos  puedan conducir a la barbarie.

Para ello habrá que sacar provecho de todas las oportunidades. Nuestra ubicación geográfica como vecinos de la mayor potencia del mundo, por ejemplo, es envidiada por muchas naciones que luchan por salir del subdesarrollo. ¿Por qué no aprovecharla? Ortega lo vislumbró con claridad adelantándose a su época: Europa podía unirse en un gran estado. Su sueño se cumplió setenta años después.  A pesar de una larga historia de guerras y acabando de pasar la terrible primera guerra mundial, el pensaba que la Europa unida era posible. Decía que “ Ha sido el realismo histórico el que me ha enseñado a ver que la unidad de Europa como sociedad no es un “ideal” sino un hecho.” Detecta que detrás de las aparentes diferencias de los pueblos europeos se encuentra un sustrato de civilización común a todos y una homogeneidad  que hará posible a la larga su sueño. Hoy,  más naciones  ingresan a la Unión Europea. Naciones cada vez menos parecidas al resto y con mayores disparidades económicas, pero el sueño sigue  creciendo porque es mas lo que une a los europeos que lo que los separa.

¿Por qué no soñar entonces con una América unida? En ese sentido la América Latina comparte cultura, historia, lengua. Pero incluso la América sajona no está tan distante del resto del continente aunque así lo parezca. A México le ha tocado en suerte estar en la geografía del límite. Estamos del lado pobre del continente, aunque geográficamente somos parte de la muy próspera América del Norte.

Desafortunadamente tenemos una historia que nos ha enseñado a enfatizar las diferencias con nuestros vecinos del norte, en lugar de las coincidencias. Debemos cambiar nuestro modo de pensar y buscar lo que nos une, no lo que nos separa. México puede dar el ejemplo al resto de América Latina de cómo integrar culturas y economías tan dispares como la nuestra con la de Estados Unidos y Canadá. No sólo porque existe un tratado de libre comercio para Norteamérica que ha sido muy exitoso, sino porque más de veinte millones de mexicanos viven en Estados Unidos (El 20% de nuestra población) y porque en México también viven mas de un  millón de norteamericanos y la integración se está dando ya de todas formas. En ambos lados de la frontera existe la intolerancia y la xenofobia, pero la oportunidad histórica de esta vecindad no la debemos dejar pasar. El sueño orteguiano se puede dar en América también.

Ortega  tiene  muchas lecciones para nosotros y habrá muchas ideas suyas que nos harán reflexionar y aplicar a nuestra época. Como él dice: “Nuestra vida es en todo instante y antes que nada conciencia de lo que nos es posible”


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