28 de abril de 2005
Existe hoy en día un debate en el mundo acerca de si
es más conveniente para el desarrollo de los países el tener un estado más
reducido en su intervención económica para dejar a las fuerzas del mercado y la iniciativa
de los individuos actuar con más libertad. Esto ha dado por llamarse el consenso de Washington o “neoliberalismo”. Por otra parte hay quienes
proponen contar con un estado que intervenga ampliamente en la economía a la
manera de Francia o la ex Unión Soviética. En México nos hemos quedado a la
mitad de la implementación de un modelo neoliberal que se inició en los
noventas y que convive con un estado todavía altamente intervencionista. Un
posicionamiento a la mitad que sigue generando gran discusión entre los
partidos políticos. Pero esta discusión
no es la más importante. Los académicos han ido descubriendo que una de
las causas del subdesarrollo es que los países tengan un estado débil, no que
sean más o menos intervencionistas. En este artículo veremos en que consiste
esa debilidad ya que es necesario que en México fortalezcamos al Estado.
Si nos preguntáramos si el gobierno mexicano ha sido
fuerte durante el Siglo XX, especialmente durante los regímenes del período
1929 al 2000, probablemente la respuesta sería que sí. La presencia del Estado
se extendía a todos los ámbitos de la actividad económica y esto le hacía
parecer muy poderoso pues el Estado invadía todos los ámbitos de la economía.
Había empresas paraestatales desde un
PEMEX hasta cabarets y restaurantes.
Además teníamos un régimen autoritario centrado en un
presidencialismo exacerbado. El Presidente de la República tenía casi el
poder de un monarca absoluto, con capacidad de nombrar a gobernadores,
diputados, senadores, jueces e inclusive a su sucesor. Para ello se servía de
un Partido que era una maquinaria
electoral sostenida con recursos públicos por el propio gobierno. Este
autoritarismo venía acompañado de una debilidad en las instituciones que
estaban sometidas a ese poder presidencial, otras simplemente no tenían capacidad
para hacer cumplir el estado de derecho y hacían falta algunas que hicieran
contrapeso a ese poder desmedido.
El sociólogo Fernando Escalante de El Colegio de
México, menciona en alguno de sus libros que en el Siglo XIX padecimos un problema
similar. Un estado muy débil que expuso a México a intervenciones extranjeras y
a la pérdida de la mitad de nuestro territorio y que impidió un desarrollo
económico adecuado. Así pues el problema no es nuevo. Desde que nacimos como
nación independiente hemos padecido un estado débil.
Francis Fukuyama, autor de fama mundial, propone en un
libro reciente que distingamos dos ejes para definir lo que es un estado
fuerte. Uno tiene que ver con el alcance del estado. Esto es, que tanto
interviene en la economía. El otro eje tiene que ver con su fortaleza para
hacer cumplir un estado de derecho.
Fukuyama define “Fuerza del estado” como: “capacidad
de elaboración y ejecución de políticas y promulgación de leyes; administración
eficaz con la mínima burocracia; control del soborno, la corrupción y el
cohecho; mantenimiento de un alto nivel de transparencia y rendición de cuentas
en las instituciones públicas; y lo más importante, el cumplimiento de las
leyes.”
Estados Unidos por ejemplo tiene un estado de poco
alcance pero de una gran fortaleza. La
URSS tenía un estado de gran alcance y fortaleza. Sierra
Leona en contraste no tiene ninguna de las dos características. México, junto
con Brasil y otros países de Latinoamérica tiene un estado todavía de gran
alcance (El estado interviene de manera preponderante en los campos del
petróleo, electricidad, salud, educación, etc.) pero débil.
Esta debilidad se manifiesta por la dificultad para imponer un estado de
derecho. Por ejemplo el problema de la corrupción y delincuencia dentro de las
policías. La presencia poderosa del narcotráfico. La corrupción y fuerza de
algunos sindicatos de trabajadores del Estado. La incapacidad para cobrar
impuestos ya que tenemos uno de los
porcentajes de recaudación con respecto al PIB más bajos del mundo. La
extensión de la economía informal, esto es, fuera del marco legal, que
constituye un porcentaje muy significativo de la actividad económica. Lo extendido del problema del contrabando y
la piratería asociada con derechos de autor. La baja capacidad para detener la
inmigración ilegal que pasa por nuestro país hacia Estados Unidos. La baja
capacidad de las policías para detener la delincuencia. La baja calidad educativa que tiene el país. La falta de ferrocarriles y otra
infraestructura básica para el desarrollo económico. La carencia de un sistema
de impartición de justicia justo,
expedito y sin corrupción. La baja calidad de los servicios de salud
para la población. Problemas endémicos de corrupción. Mas un largo etcétera que
muestran la debilidad de nuestro Estado mexicano.
Fukuyama comenta que hoy en día uno de los factores
clave para el desarrollo es el tener un estado fuerte. El movimiento neoliberal
con su gran cadena de privatizaciones, no está mal y es muy necesario. Pero
incluso uno de los grandes proponentes de este esquema neoliberal, el economista
Milton Friedman dice: “Hace diez años habría aconsejado a los países que salían
del socialismo tres cosas: privatizar, privatizar y privatizar. Pero me
equivoqué. Seguramente el estado de derecho sea mas importante que la
privatización”
Por ejemplo en África, para detener la epidemia de
SIDA se requieren estados fuertes con una capacidad institucional para educar a
la población sobre el problema, repartir los medicamentos y administrar
cuidadosamente los tratamientos que son muy complejos. Entonces no basta con que
los países desarrollados solo envíen ayuda. Si los países que reciben la ayuda
no tienen la infraestructura institucional adecuada se corre el peligro de que se
pierda en corrupción o no se aproveche bien.
El reto para México es fortalecer el estado de derecho
y las instituciones. Definir luego si queremos un estado de gran alcance como
la antigua Unión Soviética o de bajo alcance como los Estados Unidos es un
debate entre liberales y socialistas, entre partidos de “izquierda” y “derecha”
pero una discusión que debería estar en segundo plano.
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