domingo, 12 de enero de 2014

PEMEX Y EL LABERINTO DE LA PUREZA


25 DE ABRIL DE 2008


La oposición a las medidas que proponle gobierno para fortalecer a PEMEX no pasan por el discurso racional. Apelan a los sentimientos de un grupo importante de mexicanos pero no apelan a la razón. Por eso la inutilidad del debate. Por eso no hay nada que discutir. Existen líderes de la oposición que conocen bien a este segmento de la población y sin importarles verdaderamente el tema de PEMEX, sino para impulsar sus proyectos personales, han tomado esta bandera que se ha convertido en un buen pretexto para alterar el orden y atacar al gobierno. Este segmento de población si bien minoritario ya que no pasa del 20% del la población, no deja de ser significativo.

¿Qué hay detrás de estos sentimientos tan poderoso que superan a la razón? hay mexicanos llenos de resentimiento y contradicciones. Con prejuicios grabados en piedra. Por ello el debate es inútil ¿como debatir acerca de los sentimientos? El sentimiento, como la fe, no tiene que ver con la razón. Por eso para ellos cualquier debate o intercambio de ideas es inútil. La creencia es que “el petróleo es nuestro”. No importa que en la vida del ciudadano común nunca haya visto un beneficio tangible de que el petróleo esté en manos del estado. Tampoco importa que el petróleo no pertenezca realmente a ningún ciudadadno individual. El ciudadano que dice el petróleo es nuestro no tiene en sus manos ningún título de propiedad que le diga que verdaderamente sea suyo. La creencia es que “la privatización es mala” sin parase a pensar que si cada mexicano tuviera una acción de PEMEX, podría recibir un dividiendo de las utilidades que genera la empresa. Es mala ¿para quién? Ciertamente no para el individuo ya que se podría ver beneficiado al recibir dinero directamente de PEMEX. La creencia es que “las empresas trasnacionales son malas y saquean al país”, sin parase a pensar que ya México tiene empresas trasnacionales muy exitosa que le dan de comer a cientos de miles de mexicanos o que las empresas trasnacionales que operan en nuestro país en lugar de saquearlo generan millones de empleos, sin ponerse a pensar que todos los países del mundo, comunistas y capitalistas, todos andan en busca de capital extranjero que invierta en le país para mejorar el nivel de vida de sus habitantes. La creencia es que “el dinero y quienes lo tiene son sucios”. Quizá ya Freud explicó mejor esta creencia.

Se trata pues de conservar la pureza de nuestro país por encima del dinero sucio de los ricos, por encima de las empresas transnacionales  por encima de los intereses privados. Conservar la pureza de nuestra patria como una virginidad, cuando ya todo el mundo ha dejado de ser virgen y el intercambio de capitales, personas y mercancías es la norma.  







En el Laberinto de la Soledad, Octavio Paz hablaba hace casi sesenta años de que nuestro país eran muchos Méxicos: El de los que  vivían aún en la prehistoria aislados totalmente, los indígenas marginados que no hablaban español en comunidades muy pobres, etc. Nuestro país ha cambiado. Se ha vuelto mucho más homogéneo. Las ciudades medias han florecido y ya no es la capital lo único atractivo en nuestro país. Al contrario, la capital se ha convertido en un lugar desagradable para vivir. Si bien persisten altos niveles de pobreza, no cabe duda que se ha desarrollado una clase media muy importante. Los niveles de bienestar de millones de personas han aumentado notoriamente: hay más acceso a vivienda, enseres domésticos y telecomunicaciones. El tema de las telecomunicaciones es especialmente notable. Alrededor de 70 millones de mexicanos cuentan hoy en día con teléfonos celulares. Apenas hace diez años, estos eran aparatos para ricos, incluso eran símbolos de estatus social.

No habrá ya tantos Méxicos Tan diversos pero sí hay una sociedad dividida. La de aquellos que tienen una visión moderna y están abiertos al mundo, son emprendedores y autosuficientes, son más educados y tienen mayores aspiraciones. Por otro lado aquellos con poca educación que esperan que el gobierno les resuelva los problemas, que tienen una visión del mundo y de México que aprendieron en libros de texto único. Una visión poblada de héroes de bronce en un panteón nacional petrificado y con ideas y creencias también petrificadas sin capacidad de crítica. Y en este último segmento incluye a personas de todos los niveles sociales, más ubicados en el centro y sur de nuestro país.

Mi reflexión deriva de la reciente polémica por las reformas que se han propuesto para fortalecer a PEMEX. Evidentemente hay un segmento importante de la población, quizá unos 20 millones de mexicanos, quienes se oponen a cualquier cambio en la situación de esa empresa sin mayores razones que el decir simplemente que no. Se habla de que se pretende una privatización y se dice que cualquier privatización es mala, como dogma de fe, sin aportar razones. Octavio Paz decía que “El estatismo…. Fue necesario en su momento… tuvo los resultados  que ese tipo de política ha tenido en todo el mundo: marasmo económico por la ausencia de competidores, crecimiento desmesurado de una burocracia inspirada casi siempre no por la lógica económica sino por los intereses políticos, patrimonialismo y en fin, corrupción. Los beneficiarios directos del estatismo económico no son los trabajadores sino los burócratas.” Así como Paz decía que el estatismo era un fracaso, no hay quien en la polémica actual diga porque es malo privatizar a PEMEX.  Pero además tampoco nadie entiende que significa privatizar una empresa pues se ha argumentado que las reformas que propuso el gobierno pretenden privatizar a PEMEX.  Sin embargo nadie ha propuesto que el gobierno venda a PEMEX.


La oposición a privatizar PEMEX por parte de los opositores del gobierno es contradictoria. Si se quisiera privatizar la empresa, quien iba a perder una fuente muy importante de ingresos es el propio gobierno, por lo que pudiera suponerse que desde una posición de oposición, si se buscara debilitar al gobierno, una forma de hacerlo sería precisamente quitándole al gobierno sus empresas pilares.





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