16 de noviembre de 2005
La planeación es una actividad muy importante para
cualquier organización pública o privada. A partir de la segunda guerra mundial la planeación adquirió
gran relevancia. Para realizar la planeación se contrataba un staff a nivel central cuyos directivos reportaban al más alto nivel en las
organizaciones. Sin embargo para mediados de los años ochenta, estos staff de planeación fueron
desapareciendo. Ante los cambios vertiginosos
en mercados y tecnología y con la
presión por tener mayores utilidades, las organizaciones consideraron que estos
grupos de planeación eran superfluos. Hoy en día el énfasis ha pasado de la
planeación a la ejecución y de la centralización a la descentralización en ambos
aspectos.
Para ilustrar esta evolución hablaré de mi propia
experiencia profesional. Inicié mi carrera a principios de los ochenta dentro
de la dirección de planeación de una de las empresas de participación estatal más
grandes del país. Esta dirección consistía en un grupo de alrededor de 200
personas en una empresa con más de 30 mil empleados. Se invertía mucho en tener
procesos de planeación sumamente detallados y
también en recursos humanos para administrar estos procesos. La mayoría
de mis compañeros de trabajo tenían una maestría o doctorado.
Nuestra planeación veía aspectos tales como planes de
construcción de corto y largo plazo, pronósticos financieros que permitían
determinar necesidades de capital o fijar precios entre otras cosas y el desarrollo de planes de negocios para incorporar
las últimas innovaciones tecnológicas. Desafortunadamente
no toda la empresa creía en la planeación o la entendía y frecuentemente nos
encontrábamos desconectados del resto de la organización. Lo planeado se ejecutaba
con dificultad. Los proyectos no avanzaban, la
tecnología no se incorporaba y no se satisfacía la demanda de servicios que era
de una cuantía extraordinaria. La empresa era un cuello de botella para el
desarrollo del país. Esto se debía no sólo a la desconexión del proceso de
planeación con la operación sino también entre otras cosas a un entorno
macroeconómico muy inestable con alta inflación y devaluaciones constantes, un
sindicato muy combativo, renuente al cambio y con problemas de corrupción. Todo
ello dificultaba la operación de la
empresa.
Tuvo que venir la privatización hacia fines de los
ochenta, con un entorno macroeconómico mucho más estable, para que se detonaran
los proyectos y se empezara a introducir a pasos acelerados la tecnología ya
disponible en el resto del mundo. Al mismo tiempo los nuevos dueños desaparecieron
la dirección de planeación. La empresa tenía un monopolio garantizado y lo
único que necesitaba era crecer para satisfacer la enorme demanda insatisfecha
de servicios. Era importante obtener los recursos necesarios para invertir y asegurase que cada gerente operara su parte de la empresa con rentabilidad.
Es asÍ como en esta empresa mexicana y en muchas otras
en el mundo los grandes planes elaborados centralmente por un staff especializado dejaron de realizarse.
Lo relevante pasó a ser la capacidad de controlar la ejecución de
la estrategia. Se vio que las empresas exitosas tenían estrategias claras y
sencillas con una capacidad de ejecución extraordinaria. El caso de Wal Mart es
notorio. Hoy en día esta empresa
continúa creciendo exitosamente en nuestro país gracias a la misma estrategia que ejecutan desde su
fundación hace casi cuarenta años y que les ha llevado a ser la empresa mas
grande del mundo.
Pero no todas las empresas son buenas en la ejecución.
Así fue que se desarrollaron herramientas para lograr asegurar la
implementación de la estrategia dictada por la alta dirección de las
organizaciones. En Estados Unidos se
creo el concepto del “Balanced Scorecard” y en Francia los “Tableros de Mando”,
herramientas ambas que aparecieron en
los años noventa. Las organizaciones de todo tipo hoy en día las utilizan. Cada
gerente en los diferentes niveles de dirección se compromete a indicadores de
desempeño medibles, con los que rinde cuentas y toma decisiones para el logro
de sus objetivos.
Lo que pretenden estas herramientas es que la
planeación estratégica dictada por la alta dirección se vaya aterrizando
en cada uno de los niveles jerárquicos
de la organización. Así, la planeación se ha descentralizado volviéndose mas
operativa entre más abajo se encuentre en los niveles de la organización, el gerente responsable de
realizarla.
En el gobierno
federal por ejemplo, algunas Secretarías y empresas paraestatales utilizan
tableros de control que son vigilados por los propios titulares y cuyos
indicadores tienen responsables de
ejecución en niveles que van desde director general hacia arriba. Esto luego se
traduce en metas y objetivos específicos para cada persona de la organización. Asimismo,
al más alto nivel del gobierno federal, la Presidencia de la República estableció el
sistema de metas presidenciales que le permite al Presidente vigilar el cumplimiento
de objetivos en programas clave de toda la administración pública federal.
En México se aplican ya estas técnicas gerenciales desde
hace tiempo sin necesidad de staffs centrales especializados en la materia.
Pero esto puede cambiar. En un artículo
reciente en el “Harvard Business Review”, Kaplan y Norton, quienes
desarrollaron el “Balanced Scorecard”, han propuesto que para ser más efectivos, las
organizaciones deben crear unidades corporativas que ellos llaman “Oficina de
Administración de la
Estrategia ” la cual facilita el proceso bajo el cual se implementa
la estrategia en toda la organización.
Parece ser que
estamos de vuelta con la idea de tener un staff central que se asegure de que la estrategia se cumpla. Como sea, lo importante es que seamos capaces
de ejecutar lo planeado. La planeación sigue siendo importante pero la
ejecución lo es más aún.
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