10 de mayo de 2006
Los
hombres aferrados a las ideologías crean horrores y sufrimientos inimaginables.
Basta recordar al Pol Pot en Camboya, la limpieza étnica realizada por los
serbios en la ex -Yugoslavia, los talibanes en Afganistán, etc. La humanidad
sigue siendo víctima de los intolerantes y fundamentalistas de cualquier signo.
Nuestro país y el mundo ya no están para soportar estas posturas
intransigentes. Las soluciones a los problemas sociales no son blanco y negro.
Son una gama de grises dentro de los que hay que actuar con prudencia y sobre
todo con tolerancia.
La
historia del México independiente está llena de disputas ideológicas que
dividieron a la sociedad en bandos casi irreconciliables. La lucha por defender
ideologías contrapuestas contribuyó a la pérdida de muchas vidas mexicanas en
luchas fratricidas, la pérdida de la mitad del territorio nacional y al atraso
económico en el siglo XIX. La lucha entre conservadores y liberales,
federalistas y centralistas, monárquicos y republicanos en ese siglo y en el
siglo XX entre fascistas y comunistas, socialistas y capitalistas, o mas
genéricamente, entre izquierdas y derechas, han marcado nuestro presente sin
permitirnos llegar a acuerdos para llevar a nuestro país a un desarrollo equiparable a los países más desarrollados del mundo.
Si
a esto agregamos que existe confusión para definir lo que es izquierda o
derecha y que mas bien las etiquetas se usan para descalificar más que
para definir posiciones políticas,
tenemos entonces el peor de los escenarios, pues nos encontramos a personas
defendiendo posturas que ni siquiera entienden a cabalidad.
Ahora
que celebramos el bicentenario del nacimiento de Benito Juárez surge a la luz
pública esta confusión cuando algunas personas han dicho que Juárez es un héroe
de la izquierda mexicana.
Juárez
es uno de los pilares del liberalismo mexicano. Lo que ya hemos olvidado es en
qué consistía ese liberalismo que enarbolaban Juárez y sus correligionarios. En
un libro de reciente publicación
titulado ¨Benito Juárez, una visón
crítica en el bicentenario de su nacimiento¨
José Manuel Villalpando nos
recuerda las características del liberalismo de aquella época (Mi cita no es al
pie de la letra):
¨
Disponer del territorio y los recursos naturales según convenga económicamente
al país; preponderancia del esfuerzo individual; gobierno democrático sujeto a
crítica y objeción; reconocimiento de los derechos individuales en detrimento
de los sociales; sistema de economía de mercado; libertad de creencias y
tolerancia plena; aprovechamiento de la vecindad con Estados Unidos; libertad
de expresión y creación ¨ .
Por
otra parte define a los conservadores del siglo XIX con las siguientes
características (Cita libre):
¨ Aquellos que quieren mantener las
estructuras y los modos de vida tradicionales, que pueden tipificarse de la
siguiente manera: soberanía sobre el territorio y los recursos naturales- antes
la propiedad originaria era de la corona (española), ahora de la nación-; tutela
y protección de las clases menos favorecidas – antes política oficial de la
corona española: gobierno autoritario pero paternal; anulación de la
individualidad ciudadana a través de las organizaciones sociales – antes los
gremios, hoy los sindicatos; sistema económico a base de monopolios controlados
desde el poder- antes los estancos, hoy las empresas públicas; convicción de
que todos los males vienen de Estados Unidos, etc. ¨
Villalpando
nos hace ver que Juárez fue un personaje que coincide con la ideología que hoy
se suele llamar de derecha (Neoliberal). Por otra parte el pensamiento
conservador del siglo XIX coincide en muchos aspectos con las posiciones de la
actual izquierda mexicana. Juárez fue un gran hombre y logró consolidar a
nuestra nación en un momento muy difícil de la historia. El querer etiquetar a
Juárez como de izquierda porque fue bueno, es un ejemplo de hasta donde puede
llegar la falta de conocimiento de la historia por un lado y lo absurdo que
resulta el implicar que solo la izquierda es buena y lo demás es malo.
Hace
ochenta años, el filósofo español Ortega
y Gasset decía:
"Ser
de la izquierda es como ser de la derecha: una de las infinitas maneras que el
hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de
hemiplejia moral. Además la persistencia de estos calificativos contribuye no
poco a falsificar aún mas la "realidad" del presente, ya falsa de por
sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a las que
responden como lo
demuestra
el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas
proponen tiranías."
Como
ya se vio, esta clasificación de izquierda o derecha, aparte de que nos confunde, no nos lleva a
nada. Lo que debe prevalecer es una mente abierta para lograr una sociedad que
paulatinamente vaya mejorando, construyendo sobre las buenas experiencias,
manteniendo y mejorando lo que ha funcionado sin importar de que ideología sea.
Aspirar a una sociedad abierta , como lo planteó Karl Popper, que vaya aprendiendo de sus errores para ir
mejorando, sin miedo a probar ideas nuevas
pero contando con mecanismos democráticos para desecharlas si no sirven.
Una sociedad abierta que no sea esclava de ninguna ideología.
Lo
importante no es ser de izquierda o de derecha, neoliberal o populista,
capitalista o socialista, sino tener la inteligencia y tolerancia necesaria
para que las mejores ideas sean las que se apliquen y se desechen en cuanto
dejen de ser operantes. Que la discusión en la sociedad deje de ser acerca de
que etiquetas merecen ciertas ideas, sino que se discutan y contrasten las mismas para escoger a las mejores,
aplicarlas mientras sirvan y eliminarlas cuando dejen de funcionar.
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