domingo, 12 de enero de 2014

HACIA UNA NUEVA SOCIEDAD

Por: Octavio Díaz García de León

8 de abril de 2009

     Un destacado analista y buen amigo, escribía a fines del año pasado,  que la crisis económica desencadenada por  la ambición y  la incompetencia de incontables financieros,  no significaba el fin del capitalismo. Esto lo escribía  en respuesta a quienes pensaban que la intervención de gobierno tras gobierno para nacionalizar bancos, instituciones financieras, y hasta empresas automotrices significaba que Marx había vuelto por sus fueros e iba a surgir  una nueva Unión Soviética a escala mundial. Algunos amigos, nostálgicos de la utopía marxista, fracasada tan estrepitosamente en 1989, volvían a sonreír. Los demás, fervientes creyentes en el capitalismo y sus bondades, decían que aquí no pasaba nada. 

     Lo que es un hecho es que el capitalismo ha llevado al mundo a paradojas sin salida. Impulsa el crecimiento económico sin fin, como si los recursos  fueran inagotables. Promueve el consumo desmedido basado entre otras cosas en la obsolescencia planeada. Por ejemplo, si usted tiene la fortuna de tener una computadora en casa, deseará tener la más avanzada, el procesador más veloz, el disco duro de mayor capacidad, la conexión a Internet más rápida, la última versión de Windows, etc. Pero ello  no se debe necesariamente  a que usted haga cada vez cosas más sofisticadas que requieren mayor poder de cómputo. Yo uso mi computadora para lo mismo que la usaba hace veinte años. Me basta un procesador de palabras, una hoja de cálculo y un paquete para hacer presentaciones. Para eso, me sirve igual una  computadora muy  avanzada que la que tenía hace 20 años. Sobra decir que en mi lugar de  trabajo se considera obsoleto un equipo con más de tres años de vida, aunque no haya cambiado el uso que le damos. Igual pasa con la ropa: la dejamos de usar no porque no sirva sino porque pasa de moda. Allí están  los autos: como  podemos acceder a un crédito, preferimos cambiarlo por uno último modelo aunque ya los  autos son más duraderos debido a las nuevas tecnologías. Preferimos ir a una playa de moda en un hotel caro, cuando nos  podríamos divertir igual en el balneario de aquí junto. Nos hartamos de comida chatarra que nos provoca enfermedades mortales como la diabetes. Se toma alcohol  en exceso hasta caer como moscas. Se  corre a toda velocidad en un auto  hasta estrellarse contra un poste y morir.  El capitalismo se basa en todo tipo de  consumo, benéfico o dañino. Para sostenerlo se nos impulsa a ganar mas dinero porque con ello podemos comprar todas las cosas que produce el sistema, sin importar si las necesitamos. Se sostiene también por la publicidad que nos satura,  rodea y  manipula. Hasta las noticias o las telenovelas que pasan en la televisión están llenas de anuncios disfrazados. Como todo impulsa al consumo desmedido y a la acumulación de propiedades, resulta que hasta los maleantes de todo tipo, desde los financieros que provocaron la crisis  hasta los sicarios de la peor ralea, lo hacen motivados por el tener más dinero para tener mas cosas. “Eres lo que tienes” es el  paradigma de este sistema.


    No importa que se sea maleante, que se engañe  a sus clientes cobrándoles de más, que corrompa a funcionarios de gobierno; no importa que  ni viviendo  muchas vidas se pueda gastar todo lo que se tiene, o siquiera usarlo o disfrutarlo. 
Por otra parte millones de personas no tienen ni siquiera para sobrevivir. Es una gran paradoja porque nuestra sociedad actual tiene la capacidad para satisfacer las necesidades mínimas de  toda la población del mundo. El problema es que en el capitalismo en el que vivimos, se propicia que las personas vean solo por sí mismas, ignorando a los demás.

     Pienso  que se puede cambiar el modelo de vida y hacerlo mas razonable. Que todo el mundo tenga lo mínimo en materia de salud, alimento, habitación, educación y cultura sin que destruyamos a la Tierra y a la humanidad en el proceso. Pero esto  no es tarea de los gobiernos sino de cada uno de nosotros.

Algunas premisas que nos pudieran llevar a esa nueva sociedad podrían ser:
  1. Que la población ya no crezca para tener un número de habitantes estable que evite que la economía siempre tenga que crecer.
  2. Rediseñar las ciudades para que sean compactas y permita el desplazamiento a pie o en bicicleta.
  3. Acabar con el consumo inútil para reorientar la producción y  que todo mundo tenga los productos y servicios mínimos para a una vida cómoda.
  4. Que las personas con más capacidades las empleen no para acumular más cosas o propiedades, sino para asegurar una vejez digna  y para ayudar a los menos  capaces.
  5. Desaparecer la publicidad para evitar la creación de necesidades y usar ese dinero en educación.
  6. Quitar el afán de lucro en áreas como la producción de medicinas y hospitales en donde debe prevalecer el ayudar a las personas.
  7. Acabar con las guerras y la producción de armamento. En general,  desaparecer todo lo que dañe al ser humano.
  8. Privilegiar el que haya más tiempo libre  que ocupaciones innecesarias o forzosas que disminuyen la calidad de vida.
  9. Privilegiar la actividad física sobre la pasividad.
  10.  Propiciar la alimentación sana y sabrosa por encima de la que produce obesidad y enfermedades.

     Sin duda lo anterior es posible por radical que parezca. Es posible,  en función de poner a la razón al servicio de la persona humana por encima de cualquier otra consideración. Es posible si lo intentamos por medio de la prueba y error. Es posible pues, si queremos.

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Correo:odiazgl@gmail.com

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