domingo, 12 de enero de 2014

FUENTE OVEJUNA DE NUEVO


14 de enero de 2005

Estamos viviendo con mayor frecuencia sucesos en donde ciudadanos quieren tomar en sus propias manos la aplicación de la justicia como en el lamentable caso de la muerte de dos policías linchados en Tláhuac, D.F. o se oponen a la actuación de las autoridades contra delincuentes como ocurrió mas recientemente en el Estado de México. Actúan en masa, instigados por líderes que se ocultan cobardemente, con un salvajismo digno de sociedades muy atrasadas. Afortunadamente en Aguascalientes no hemos tenido casos de estos pero cualquier estado o población de nuestro país pueden estar expuestos a acontecimientos similares si no nos ponemos muy alertas para impedirlo.

En la comedia “Fuente Ovejuna”, Lope de Vega lleva al teatro un suceso real acontecido en la época de los Reyes Católicos de España. Un pueblo entero, la villa de Fuente Ovejuna, se rebela contra el trato abusivo, despiadado e injusto de su Comendador quien es su autoridad local, y el pueblo cansado de tanto abuso decide hacerse justicia por su propia mano, matándolo a él y sus colaboradores de una manera horrenda. Cuando los investigadores del Rey intentan averiguar quien fue el culpable, todos contestan “¡Fuente Ovejuna!” de tal manera que no hay forma de identificar a los culpables. El Rey al enterarse del asunto y  saber de los abusos del Comendador, decide dejar las cosas en paz.

En Tláhuac  quinientos años después de Fuente Ovejuna, una turba enardecida, azuzada quizá por los maleantes que buscaban estos policías, los confunde con secuestradores y ante las cámaras de televisión los golpea y quema para matar a dos de ellos. ¿Por qué una buena parte del pueblo acude al repique de campanas a linchar a policías que cumplían con su deber? ¿Porqué ciudadanos comunes y corrientes que en su vida cotidiana son incapaces de matar una mosca se convierten en perversos asesinos? ¿Por qué unos líderes cobardes son capaces de azuzar a una multitud para convertirlos en homicidas? Este podría ser un tema de investigación como lo ha sido el caso de Alemania bajo Hitler quien pudo producir un genocidio tan grande usando ciudadanos alemanes comunes y corrientes que no tenían un perfil de asesinos, pero que pasivamente obedecían órdenes sin importar si se trataba de matar a millones de seres humanos.

Pareciera ser que una explicación radica en el fenómeno que se dio en Fuente Ovejuna en 1496. En la experiencia de muchas personas, especialmente en el Distrito Federal, la actuación de las autoridades y de los policías ha sido frecuentemente abusiva. Basta recordar a personajes como el jefe de la policía capitalina en el sexenio de López Portillo, Arturo “El Negro” Durazo, que convirtió a la policía  en una gigantesca máquina de delinquir. Pero no hay que ir tan lejos. Hace unos pocos meses arrestaron a un alto jefe policiaco del D.F. por encabezar una banda de secuestradores. Con ello no es difícil convencer a la turba que los policías eran en realidad secuestradores.

El gobierno del D.F. enfrenta ese rechazo de la ciudadanía a las autoridades que intentan aplicar la Ley y se entiende después de tantos años de abuso y corrupción. Pero es muy grave porque pareciera que la situación no tiene remedio. Es necesario vencer la desconfianza de la ciudadanía hacia sus autoridades. Las autoridades tienen que hacer un gran esfuerzo por recobrar la confianza de sus ciudadanos.

Sin embargo el caso de Tláhuac no era el primero de su tipo que enfrentaban las actuales autoridades capitalinas. Se pretendió minimizar los hechos con comentarios que ya antes se habían dado para casos similares: “son los usos y costumbres del pueblo”. El día menos pensado revive el antiguo culto de los aztecas en donde se hacían sacrificios humanos arrancando corazones y estas autoridades dirán que está bien porque está basado en nuestras tradiciones y costumbres. Así será difícil recobrar la confianza perdida.

Todo México, y creo que buena parte del mundo vio el horror de Tláhuac gracias a los medios de comunicación. La Ciudad de México apareció como ya la percibimos muchos: un lugar sin autoridad, una selva donde sobrevive el más fuerte, donde todo se vale, donde estorba la autoridad y la Ley no existe, donde se ha perdido el respeto a las reglas de convivencia mas elementales y a la búsqueda del bien común, en donde se ha perdido incluso el respeto a la persona humana.

Afortunadamente Aguascalientes es muy diferente al Distrito Federal. Pero debemos estar muy alertas a que esta enfermedad de la sociedad no nos alcance por acá. El gran reto es apoyar a nuestras autoridades para que en base a reglas de convivencia que nos dan nuestras leyes, vivamos todos en paz y en armonía y no dejar que nunca se pierda ese respeto a la autoridad y a la Ley.

Correo electrónico: octaviodiazgl@yahoo.com.mx


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