23 de enero de 2008
Hoy en día ponemos
más atención al desarrollo de China e India y hemos perdido de vista lo que
sucede con Japón. Este país es la
segunda economía más grande del mundo después de Estados Unidos; es líder en
campos tecnológicos, científicos y
económicos y tiene una inversión muy significativa en nuestro estado. He
escuchado que en algunas de nuestras
universidades se enseña el idioma Chino y se invita a los alumnos a que visiten
ese país. Pero creo que para
Aguascalientes es y será más relevante la relación con el Japón en el mediano
plazo. Para ello hay que conocerlo un poco más.
En el Japón se
conservan tradiciones ancestrales que hacen de la cultura japonesa una mezcla
de modernidad y tradición. Conviven allí dos religiones: el Budismo que hace de
cada ser humano un dios en potencia y el
Shintoismo, una antigua religión politeísta llena de supersticiones. La mayoría
de los japoneses profesan ambas religiones simultáneamente porque, según dicen,
una es para la vida después de la vida
(Budismo) y la otra para la vida en este mundo.
Son un pueblo
guerrero que durante siglos tuvieron innumerables luchas internas entre los
diferentes señores feudales hasta que a finales del siglo XIX salieron a
conquistar el mundo que les rodeaba hasta que fueron derrotados en 1945. Pero
el guerrero japonés no solo era capaz de realizar los actos más sanguinarios en
combate sino también era capaz de escribir la poesía mas delicada o cultivar
los famosos árboles bonsái con una paciencia y arte que permite hoy admirar
árboles de más de 500 años de edad y no más de un metro de altura.
Innumerables
artes japoneses reflejan esta delicadeza, atención al detalle, al rito, amor por la naturaleza, goce de los
paisajes y de los placeres sencillos del cuerpo, que reflejan una especial
manera de pensar y ver al mundo. Por ejemplo el hacer té y servirlo, que para
cualquiera de nosotros pudiera ser una acción mas que trivial y cotidiana, en
Japón sigue siendo un complicado y delicado ritual de cortesía y
convivencia que incluso para llevarlo a
cabo correctamente requiere años de
estudio y práctica y existen diversas escuelas de cómo realizarlo.
La literatura
japonesa es única en el mundo. La poesía que cuenta con formas poéticas tan
peculiares como el haikú y el renga los
cuales son poemas de unos pocos versos, pocas sílabas, sin rima, que requieren una condensación muy difícil
de lograr. El teatro Kabuki y el teatro Noh, divertido el primero y sumamente
difícil de entender el segundo. Novelas escritas por mujeres, 500 años antes de
que se escribiera el Quijote y que son de una frescura y atractivo para nuestra
cultura moderna que incluso a la “Novela de Genji”, de la autora Murasaki Shikibu que vivió
alrededor del año 1000 de nuestra era, se le ha comparado con la obra “En Busca del Tiempo
Perdido” de Marcel Proust. Libros de
viaje como el del poeta Matsuo Basho,
“Sendas de Oku”, que tradujo admirablemente Octavio Paz por
primera vez a una lengua occidental, tan diferente a los libros de viaje de la
cultura occidental.
No solo es
fascinante toda la cultura tradicional japonesa. Hoy en día Japón cuenta con un
número muy importante de las empresas más
exitosas del mundo. Sus prácticas de producción y calidad se han tratado de
imitar en todas partes a veces sin mucho éxito porque por ejemplo entregar a
tiempo un producto no sólo es un compromiso entre empresas sino que para ellos
tiene que ver con el honor de las personas al cumplir su palabra.
Me decía un amigo
japonés que su país no tiene recursos naturales por lo que su único recurso es
el talento de sus gentes para hacer más y mejores productos. Este talento se
cultiva en universidades de primer orden a las cuales es sumamente difícil de
entrar. Tan selectivo que los papás
tratan de llevar a sus hijos siempre a las mejores escuelas desde muy niños. Es
tal la obsesión por desarrollar talentos que al darse a conocer mediciones recientes en
donde se muestra que los niños hindúes están saliendo mejor preparados que los
japoneses ha ocasionado que se abran escuelas en Japón con estos métodos
novedosos.
Nuestro estado
tiene una relación muy estrecha con Japón a través de sus empresas que dan empleo a miles de aguascalentenses.
Hay un número importante de ejecutivos japoneses residiendo en nuestra ciudad.
Se les ve en los centros comerciales,
cines o supermercados; también en los restaurantes japoneses, pero no percibo que exista una gran
convivencia entre este grupo de ejecutivos y sus familias con la sociedad de
Aguascalientes, lo cual es una lástima. Quizá un Centro Cultural Japonés
ayudaría a estrechar los lazos de nuestro estado con esa gran Nación y nosotros
podríamos aprender mucho de su cultura y de sus éxitos en el mundo moderno.
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